domingo, 30 de agosto de 2009

De la A a la J

Entre Ayacaxtepec y Jayacaxtepec además de una J, hay tres pueblos, cinco ríos, cuatro jornadas de patinaje sobre veredas de tierra roja, desfile constante de neblina, generosas dotaciones de lluvia veraniega y nueve buches de mezcal para recuperar el calor.

martes, 25 de agosto de 2009

Zacatepec

Para alguien de Ayutla como yo que además ha escuchado historias terribles por los pueblos de alrededor, resulta difícil llegar a Zacatepec sin cargar, además de la mochila, una bolsa de prejuicios. Y es que es difícil estar en este pueblo sin pensar que fue la tierra del cacique Luis Rodríguez, sin pensar en las imágenes de los relatos de muerte, de huidas nocturnas, de miedo cotidiano. Dice la abuela que antes era imposible ver a alguien de Ayutla en este lugar. Pero ahora que estoy aquí, trato de luchar con las imágenes, trato de comprender un poco para descubrir que Zacatepec debe ser algo distinto del sello con el que lo marcó Luis Rodríguez.

Adiós a las tierras bajas

Yo, tan hecha al frío de las montañas, pensaba que mi resistencia al calor era casi nulo, me descubrí luego con nostalgia de las tierras bajas que la ruta ha dejado atrás por completo y que aprendí a disfrutar. Pero no hay nostalgia que no cure la impresión que me causó poder ver a E’px yukp (Zempoaltepetl) a lo lejos. Me sorprendo: ya estoy aquí, cerca.

Kutsuko’m

En Cotzocón, las creaciones en el telar de cintura cobran un protagonismo que sin embargo no me impidieron poner atención a la plática de las personas, disfrutar del baño en los manantiales y reflexionar sobre las peculiaridades del ayuujk que ahí se habla. En Cotzocón, el cuidado por el detalle parece ser el principio rector en la construcción de las casas, en la manera de acomodar la leña, en las pilas de piedra, en la disposición de las flores y de los muchos chayotales. Es como si el trabajo a detalle que implica la creación en el telar de cintura se hubiera transportado a todo lo demás y así, todo quehacer, por más cotidiano, fuera también creación.

Hay veces …

Lo triste de cuando un pueblo se convierte en lugar de paso es precisamente eso: que ya nadie quiere quedarse.
Y sin embargo, es por eso que es necesario estar ahí, donde todo pasa.

Bitácora IV

Escribo ahora desde Santiago Zacatepec. Siento no haber actualizado antes el blog pero por una razón u otra no había podido tener acceso a internet. Después de salir de Alotepec nos dirigimos a la última incursión a las tierras bajas, pero ahora hacia el lado norte, hacia Jaltepec de Candayoc (punto 25 en el mapa). Antes pasamos por San Juan Cotzocón, por Santa María Matamoros, por Santa María Puxmetacán y por San Juan Otzolotepec. Como sucede en las tierras bajas, las distancias entre un pueblo y otro suelen ser mucho mayores que en las tierras altas, el camino es plano pero el calor deja sentir sus efectos después de seis horas de mover un pie tras otro.
La llegada a Matamoros fue la primera de toda la ruta que nos tocó caminar de noche, como la luz eléctrica había fallado en el pueblo, no podíamos saber en la oscuridad cuánto faltaba para llegar, nunca me había sentido tan feliz de escuchar el ladrido de los perros que anunciaba la cercanía del poblado. Aunque Matamoros es un pueblo que huele a guayaba, el nanche y yo recuperamos nuestra antigua relación pasional. En Puxmetacán llegamos a la fiesta y a pesar del cansancio todavía me alcanzó para ponerme a bailar un son que tocaba una de las tres bandas visitantes y comer un mole fiestero antes de echarnos a dormir como troncos durante varias, varias horas. En Otzolotepec nos bañamos en el río, hablamos con las autoridades, lavamos la ropa, sacamos las muestras y organizamos la siguiente caminata, todo en un solo día. Lo siguiente es difícil de describir, la jornada hacia Jaltepec ha sido la más larga de toda la ruta y que incluye varias horas de caminata nocturna, le dedicaré después un post aparte. Ya en Jaltepec visitamos el Centro de Estudios Ayuuk y el río (con guía de lujo, Tyoskujuyë’p Kupyum), caminamos el poblado y nos tendimos en la hamaca a descansar para salir al día siguiente y enfilarnos hacia las tierras altas. Ya en las montañas agradecí la familiaridad con la que me recibieron el frío y la neblina, la llovizna y el viento: estoy cerca de casa. Y ahora todo será dar vueltas en torno a los pueblos que rodean a E’px yukp (Zempoaltépetl) antes de subir a la cumbre, y en ese logro me gasto ahora los sueños.

Tsääj III

Jëptäkp ëjts mëjnëjotp jatukoojk
Ta ëjts aya’aky ja tsääj n’ësmatsy
Të’kxp tsëmämp jatëkoojk
Ku ja nëëj pojë’n nyëke’eky
Aya’aky ëjts ja nteky xyo’kn
Xontäkp ëjts n’änmëjä’än